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EL SOL Y LA PROTECCIÓN DE LA
PIEL DE LOS BEBÉS Y NIÑOS

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Todos necesitamos exponernos al
sol; es nuestra principal fuente de vitamina D, la cual
nos ayuda a absorber calcio para tener los huesos fuertes y sanos.
Pero la mayoría de nosotros no necesitamos exponernos mucho tiempo
al sol para obtener la vitamina D que necesitamos, y el hecho de
exponernos a los rayos ultravioletas del sol sin protección puede
provocarnos lesiones en los ojos y en la piel, inmunodepresión e
incluso cáncer. Es mas una persona joven, de veintitantos años,
puede desarrollar cáncer de piel.
La mayoría de personas
acumulan hasta entre el 50% y el 80% del total de exposición al sol
a lo largo de toda la vida antes de cumplir 18 años, de modo que es
importante que los padres enseñen a sus hijos a disfrutar del sol de
forma segura. Adoptando las precauciones adecuadas, usted puede
reducir considerablemente las probabilidades de que su hijo
desarrolle cáncer de piel.
Datos sobre la exposición al sol
El sol irradia luz sobre la tierra, y parte de esa luz consiste en
rayos ultravioletas (UV) invisibles. Cuando esos rayos alcanzan la
piel, pueden provocar el bronceado, quemaduras solares y otras lesiones
cutáneas. La luz del sol contiene tres tipos diferentes de rayos
ultravioletas: UVA, UVB y UVC.
s importante comenzar la prevención en los primeros años de vida ya que
los efectos causados por las radiaciones ultravioletas son acumulativos
a lo largo de toda la vida
Los niños suelen pasar mucho tiempo jugando al sol y como su piel es
más susceptible de ser dañada por el sol y puede traducirse en
quemaduras o golpes de calor.
Se ha calculado que en los primeros 20 años de vida una persona recibe
aproximadamente el 80% de la radiación de toda su vida
• Los rayos UVA
Pueden provocar
envejecimiento de la piel y arrugas, aparte de contribuir al cáncer
de piel, como el melanoma. Puesto que los rayos UVA atraviesan la
capa de ozono (la capa protectora de la atmósfera o escudo protector
que rodea la Tierra) sin esfuerzo alguno, son los principales
responsables de la mayor parte de nuestra exposición al sol. Tenga
cuidado con los centros de bronceado artificial ya que estos utilizan
UVA. El bronceado que se adquiere tomando rayos UVA no ayuda a
proteger la piel de lesiones ulteriores; simplemente produce color y
proporciona una falsa sensación de protección con respecto al sol.
• Los rayos UBV
También son peligrosos, provocando quemaduras, cataratas (opacidad del
cristalino) y deterioro del sistema inmune. También contribuyen al
cáncer de piel. El melanoma, el tipo más peligroso de cáncer de piel,
se cree que se desencadena a raíz de graves quemaduras solares
provocadas por radiaciones UVB que ocurren antes de los 20 años. La
mayoría de los rayos UVB son absorbidas por la capa de ozono, pero una
cantidad suficiente de ellos atraviesan esa capa, pudiendo producir
graves lesiones.
• Los rayos UVC
Son los más peligrosos de todos, pero afortunadamente, estos rayos son
filtrados o bloqueados por la capa de ozono y no llegan a la Tierra.
Lo importante es proteger a su familia de la exposición a los
rayos UVA y UVB, que
son los que provocan la mayoría de lesiones cutáneas.
Los rayos UV reaccionan con una sustancia química denominada melanina presente en la piel de la
mayoría de las personas. La melanina es nuestra primera defensa contra
el sol. Absorbe los rayos UV peligrosos antes de que provoquen lesiones
graves en la piel. La melanina se encuentra en distintas
concentraciones y colores, lo que provoca diferentes tonalidades de
piel. Cuanto más clara tenga su hijo la piel, menos melanina tendrá
para absorber rayos UV y protegerse contra los efectos nocivos del sol.
Cuanto más oscura sea la piel de su hijo, más melanina tendrá para
protegerse. (Pero tanto los niños de piel clara como los de piel oscura
necesitan protegerse de los rayos UV porque cualquier nivel de
bronceado provoca lesiones en la piel.) Asimismo, la gente de piel y
ojos claros, sobre todos los niños, son más proclives a tener pecas
porque tienen menos melanina en la piel. Aunque las pecas son
inofensivas, el hecho de exponerse el sol ayuda a que aparezcan o se
oscurezcan.
Conforme va aumentando la melanina en respuesta a la exposición al sol,
la piel se va bronceando. Pero incluso ese bronceado de aspecto
"saludable" puede ser un indicador de lesión cutánea provocada por el
sol. El riesgo de lesión aumenta con la cantidad e intensidad de la
exposición. Aquellas personas que se exponen crónicamente sol, como los
agricultores, ganaderos, pescadores y la gente que toma habitualmente
el sol, tienen un riesgo mucho mayor. Las quemaduras solares se
desarrollan cuando la cantidad de exposición UV la capacidad protectora
de la melanina de la piel.
Exponerse al sol sin protección es incluso más peligroso para aquellos
niños con:
- Lunares en la piel (o cuyos padres son
proclives a desarrollar lunares).
- Piel y pelo muy claros.
- Antecedentes familiares de cáncer de piel,
incluyendo el melanoma.
Usted deberá ser especialmente cuidadoso con la protección solar si su
hijo presenta uno o varios de estos factores de alto riesgo.
Por otra parte, no toda la luz solar tiene la misma concentración de
rayos UV. La intensidad de los rayos solares depende de la estación del
año, así como de la altitud y latitud del lugar. Los rayos UV son más
potentes en verano. Recuerde que las estaciones del año varían con la
ubicación geográfica; si usted viaja a un país extranjero donde es
verano, deberá incluir en el equipaje el protector solar más fuerte que
encuentre.
También se precisa una protección extra cerca del Ecuador, donde las
radiaciones solares, al incidir más perpendicularmente, son más
fuertes, y en las grandes altitudes, donde la capa de aire y nubes es
más fina, lo que permite que atraviesen la atmósfera más rayos UV
nocivos. De modo que, aunque sea invierno, si va con su familia a
esquiar a la montaña, asegúrese de ponerse abundante crema de
protección solar; los rayos UV se reflejan tanto en la nieve como en el
agua, lo que incrementa las probabilidades de quemaduras solares.
¿Cómo proteger a su hijo del sol?
Con las adecuadas precauciones, los niños pueden jugar al sol con
seguridad. He aquí lo fundamental que usted debe saber sobre las
estrategias de protección más eficaces:
Evite las horas del día en que los rayos son más
fuertes
En primer lugar, evite que su hijo se exponga a los rayos solares
durante períodos prolongados cuando el sol este más alto en el cielo y,
por lo tanto, sus rayos inciden con más fuerza (más
perpendicularmente), lo que suele ocurrir entre las 10:00 y las 16:00
horas en el hemisferio Norte. Si su hijo se expone al sol en esta
franja horaria, como hacen muchos niños, no se olvide de ponerle crema
de protección solar -aunque solo esté jugando en el patio trasero o el
jardín de su casa. La mayoría de lesiones provocadas por el sol ocurren
como consecuencia de la exposición fortuita durante las actividades
cotidianas, no al tomar el sol en la playa.
Incluso en días nublados, frescos o encapotados, los rayos UV
atraviesan las nubes y se reflejan en la arena, el agua e incluso el
cemento. Las nubes y la contaminación no filtran los rayos UV, y pueden
dar una falsa sensación de protección. Este "sol invisible" puede
provocar quemaduras solares inesperadas y lesiones en la piel. A menudo
los niños no son conscientes de que se están quemando en los días más
frescos o ventosos porque la temperatura o la brisa hacen que la piel
siga estando fresca en la superficie.
Cúbrale la piel
Una de las mejores formas de proteger a su familia de los efectos
nocivos del sol es cubrirles la piel con prendas que no dejen pasar los
rayos UV. Asegúrese de que las prendas elegidas bloquearán el paso de
los rayos UV colocando la mano dentro de cada prenda y comprobando que
no puede ver la mano a través de la prenda.
Puesto que los lactantes tienen la piel más fina y esta/contiene menos
melanina, su piel se quema más fácilmente que la de los niños mayores.
Pero no se debe aplicar crema de protección solar a los bebés de menos
de 6 meses, de modo que se los bebes de esta edad se deben mantener
fuera del alcance del sol siempre que sea posible. Si su hijo de pocos
meses debe estar al sol, vístalo con ropas que le cubran el cuerpo
completamente, incluyendo gorras con amplias viseras para ensombrecerle
la cara. Utilice una sombrilla para mantenerlo a la sombra.
Incluso los niños mayores necesitan evitar el sol. Las exposiciones
prolongadas pueden hacerles sentir cansados e irritables. En las
salidas al aire libre de un día entero, lleve siempre consigo una
amplia sombrilla o una tienda fácil de montar para proteger a su hijo
del sol mientras juega. Si no hace mucho calor y no va a hacer que su
hijo se sienta todavía más molesto, vístalo con camisas frescas de
manga larga y pantalones largos de ropa fina. Antes de ir a la playa o
a un parque, infórmese con antelación sobre si existe la posibilidad de
alquilar sombrillas, tiendas u otros accesorios para proteger a su
familia del sol.
Utilice crema protectora regularmente
Hay muchos tipos diferentes de cremas o lociones de protección solar de
uso infantil, incluyendo formulaciones para pieles sensibles, marcas
con olores atractivos como a sandía, versiones de larga duración
resistentes al agua y al sudor, y variedades de fácil aplicación en
forma de aerosol o espuma.
Lo que importa más en una crema o loción de protección solar es el
grado de protección con respecto a los rayos UV que proporciona. Cuando
se enfrente a la agobiante variedad de productos de este tipo que
encontrará en los expositores de muchas farmacias, fíjese en el FPS
(Factor de Protección Solar), también conocido como IPS (Índice de
Protección Solar).
El FPS indica durante cuánto
tiempo de más puede exponerse al sol una
persona sin quemarse tras haberse aplicado el protector solar, que
actúa a modo de filtro, bloqueando el paso de los rayos solares
nocivos. Por ejemplo, si su hijo se quemaría tras 20 minutos de
exposición al sol, aplicándole un producto con un FPS de 15, su hijo
tendrá 15 veces más protección.
Para bebés de 6 meses en adelante o niños mayores, elija un FPS de 15 o
superior para prevenir tanto las quemaduras solares como el
bronceado.
Elija un producto cuya etiqueta muestre que protege contra los rayos
UVA y UVB (estos productos se denominan protectores solares de "amplio
espectro"). Para evitar posibles reacciones alérgicas de la piel, evite
aquellos productos que contengan PABA,
y si su hijo tiene la piel
sensible, busque un producto que contenga como ingrediente activo dióxido de titanio
(un protector que carece de componentes químicos /
sintéticos).
Para que el protector solar desempeñe adecuadamente su función, debe
aplicarse correctamente. Asegúrese de:
- Utilizar el protector solar siempre que su hijo
se vaya a exponer al sol.
- Aplicar el producto unos 30 minutos antes de
llegar al lugar donde se va a producir la exposición al sol para que se
pueda formar una buena capa de protección sobre la piel. No descuide
los labios, manos, orejas, pies, hombros y detrás del cuello. Levante
las tiras del bañador y aplique protector solar debajo (por si se
desplazaran o cayeran con el movimiento).
- No escatime protector solar; por norma general,
aplíquelo generosamente.
- Vuelva a aplicar el protector solar a menudo,
aproximadamente cada 2 o 3 horas, siguiendo las recomendaciones de la
Academia Americana de Dermatología. Vuelva a aplicar protector solar a
su hijo si el pequeño suda o se moja.
- Utilice un protector solar resistente al agua
si su hijo va a mojarse o a nadar. El agua refleja e intensifica los
rayos solares, por lo que los niños necesitan una protección duradera
cuando juegan en o cerca del agua. Los protectores resistentes al agua
pueden durar hasta 80 minutos dentro del agua, y algunos también son
resistentes al sudor y a los roces. Pero, a pesar de lo que muestre en
la etiqueta, asegúrese de volver a ponerle protector solar a su hijo
cada vez que el pequeño salga del agua.
Tenga en cuenta que todos los niños necesitan una protección extra
contra el sol. La Academia Americana de Dermatología recomienda que
todos los niños -independientemente de su tono de piel- lleven un
protector solar con FPS de 15 o superior. A pesar de que las pieles
oscuras tienen más melanina protectora y se broncean más fácilmente de
lo que se queman, recuerde que el bronceado también es un signo de
lesión cutánea provocada por el sol. Los niños de piel oscura también
pueden sufrir quemaduras solares dolorosas.
Proteja también los ojos de su hijo
La exposición solar lesiona tanto la piel como los ojos. Incluso
exponerse al sol durante solo un día puede provocar que se quemen las
córneas (la membrana más externa y transparente que cubre el ojo). La
exposición acumulada puede provocar, a la larga, cataratas (una
opacidad progresiva del cristalino que, si no se opera, puede
desembocar en una ceguera). La mejor forma de protegerse los ojos de
los efectos nocivos del sol es ponerse gafas de sol.
No todas las gafas de sol proporcionan el mismo nivel de protección
contra los rayos ultravioletas; las gafas de plástico o cristal
oscurecidas sin filtros especiales UV se limitan a engañar al ojo
dándole una falsa sensación se seguridad. Compre solamente aquellas
gafas en cuyas etiquetas figure que proporcionan una protección UV del
100%.
Pero no a todos los niños les gusta llevar gafas de sol, sobre todo las
primeras veces. Para animar a su hijo a llevarlas, deje que sea él
quien elija el estilo que más le gusta; muchos fabricantes de gafas
fabrican modelos divertidos y multicolores para niños o con monturas
decoradas con personajes de dibujos animados. Y no se olvide de que a
los niños les gusta aparentar ser mayores. Si usted lleva gafas de sol
regularmente, es posible que su hijo esté deseoso de seguir su ejemplo.
Pregunte sobre la medicación de su hijo
Algunos medicamentos aumentan
la sensibilidad de la piel a los rayos UV. Consecuentemente, incluso
los niños cuya piel no es proclive a las quemaduras solares pueden
desarrollar graves quemaduras solares tras pocos minutos de exposición
cuando se están medicando con determinados fármacos. Los niños de piel
clara, por descontado, son todavía más vulnerables a este efecto.
Pregunte al pediatra o al farmacéutico si el medicamento, sea de venta
con receta médica (sobre todo si se trata de un antibiótico o de
medicamentos para el acné) o de venta sin receta, que está tomando su
hijo puede incrementar su sensibilidad al sol. En caso afirmativo,
adopte medidas de protección solar adicionales mientras dure el
tratamiento. La mejor protección consiste sencillamente en cubrirse la
piel o quedarse en un interior; hasta los protectores solares con FPS
más altos pueden ser insuficientes para proteger la piel de la
sensibilidad al sol provocada por ciertos fármacos.
Qué hacer si su hijo sufre una quemadura solar
Su hijo puede quemarse la piel, sobre todo después de pasar un largo
día en una playa o parque. Lo más habitual es que el niño se encuentre
bien durante el día, pero los efectos de la quemadura solar se irán
poniendo de manifiesto gradualmente por la tarde y/o la noche, momento
en que la piel afectada se volverá dolorosa y caliente y hasta es
posible que el niño se sienta mal. La mejor forma de cuidar de su hijo
es tratar los síntomas que tenga y prevenir posibles complicaciones.
Cuando los niños sufren quemaduras solares, suelen experimentar dolor y
sensación de quemazón en la piel -síntomas que tienden a agravarse
varias horas después de la exposición solar. Algunos niños también
tienen escalofríos. Puesto que el sol les reseca la piel, esta les
puede empezar a picar y a tirar, como si estuviera muy tensa. La piel
quemada por el sol generalmente se empieza a pelar una semana después
de que se produzca la quemadura solar. Insita a su hijo en que no se
rasque y que no se arranque pellejos de piel, ya que la piel que crece
bajo la quemadura se le podría infectar.
Si su hijo sufre una quemadura solar, los siguientes consejos pueden
ayudar a aliviarle las molestias:
- Pídale a su hijo que se quede en la sombra y
que no se vuelva a exponer al sol hasta que se le haya curado la
quemadura. Cualquier exposición adicional al sol solo aumentaría la
gravedad de la quemadura y el dolor asociado.
- Déle a su hijo un baño con agua fresca (no
fría), o aplíquele con delicadeza compresas o paños, húmedos y fríos,
sobre la piel para aliviarle el dolor y la quemazón.
- Aplique gel de aloe vera puro (que podrá
conseguir en la mayoría de farmacias o bien extraerlo directamente de
las hojas de la planta) sobre todas las áreas afectadas. Es una medida
excelente para aliviar el dolor de las quemaduras solares, aparte de
que contribuye a que la piel cicatrice más deprisa.
- Déle a su hijo un analgésico como el
paracetamol o el ibuprofeno y rocíele las partes afectadas por las
quemaduras solares con una loción corporal para después del sol de
venta sin receta médica. (Pero no se le ocurra darle una aspirina a un
niño o adolescente.)
- Aplíquele crema hidratante para rehidratarle la
piel y ayudar a reducirle la irritación. En las zonas más quemadas,
aplique una capa de hidrocortisona al 1%. (No utilice ningún producto que
contenga vaselina, porque estos productos tienden a retener el exceso
de calor y sudor en el área afectada. Evite también los productos de
primeros auxilios que contengan benzocaína, que puede provocar
irritación cutánea y reacciones alérgicas.)
Si la quemadura es grave y se
forman ampollas, llame al pediatra. Hasta que no les pueda atender el
pediatra, insista a su hijo en que no se rasque, toque o reviente las
ampollas, que pueden infectarse fácilmente y dejar cicatrices.
¿Y los trastornos relacionados con el calor?
Los trastornos relacionados con el calor, como el síncope por calor
(desmayarse a consecuencia del calor), la insolación y el golpe de
calor, son mucho más graves que las quemaduras solares. Estos
trastornos ocurren cuando los niños se calientan en exceso y se
deshidratan, y en muchos casos, van acompañados de quemaduras solares.
Llame al pediatra si:
- su hijo tiene una fiebre inexplicable superior
a los 38,9º C
- la piel afectada por la quemadura solar parece
infectada
- a su hijo le molesta mucho mirar a la luz (esto
puede indicar que se ha quemado las córneas)
Solicite atención médica inmediata si su hijo tiene:
- nauseas
- vómitos
- desmayos
- delirios (parece mentalmente confuso)
- diarrea
Protéjase del sol usted también
Ser un buen ejemplo para su hijo, poniéndose crema de protección solar
y limitando el tiempo que usted pasa expuesto al sol no solo reducirá
su propio riesgo de padecer quemaduras solares sino también el de su
hijo. Aplicando las medidas de protección aquí detalladas, como pedirle
a su hijo que se quede en un interior durante las horas en que las
radiaciones solares son más fuertes y animándole a ponerse gorros,
gafas de sol y camisas de manga larga, además de crema de protección
solar, usted podrá reducir la exposición de su hijo a los efectos
nocivos del sol.
Bibliografia
utilizada: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/general/sun_safety_esp.html
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