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La deficiencia de hierro
ocurre cuando las reservas de este
mineral que hay en el organismo se
empiezan a agotar. Puede ser un problema
en algunos niños, particularmente
aquellos que tienen entre uno y tres
años de edad y en los adolescentes
(sobre todo en las chicas que tienen
fuertes menstruaciones). De hecho, muchas
adolescentes están en
situación de riesgo de padecer una
deficiencia de hierro - incluso aunque
tengan menstruaciones normales- si sus
dietas no contienen suficiente hierro
para compensar las pérdidas de
glóbulos rojos portadores de
hierro que tienen lugar durante la
menstruación. Asimismo, los
atletas adolescentes pierden hierro a
través del sudor y por otras
vías cuando hacen ejercicio
intenso. Tras cumplir 12 meses, los
niños pequeños se
encuentran en situación de riesgo
de padecer una deficiencia de hierro
porque dejan de beber leche artificial
enriquecida con hierro y pueden no estar
tomando papillas de cereales enriquecidas
con hierro o suficiente cantidad de otros
alimentos ricos en este mineral para
compensar la diferencia. El hecho de
beber mucha leche de vaca (más de
700 ml al día) también
puede colocar a un niño
pequeño en situación de
riesgo de desarrollar una deficiencia de
hierro. He aquí el
porqué:
-
La leche de vaca
contiene muy poco hierro.
-
Los niños,
especialmente los que tienen entre
uno y tres años, que beben
mucha leche de vaca pueden perder
parte del apetito y ser menos
proclives a comer otros alimentos
ricos en hierro.
-
La leche reduce la
absorción de hierro y
también puede irritar la
mucosa que recubre el interior de los
intestinos, provocando leves
hemorragias y la pérdida
gradual de hierro a través de
las heces.
La deficiencia de hierro
puede afectar negativamente al proceso de
crecimiento y desarrollo de un
niño, pudiendo provocar problemas
de aprendizaje y de comportamiento. Puede
evolucionar a una anemia
ferropénica, un trastorno asociado
a una reducción de la cantidad de
glóbulos rojos en la sangre.
Muchas personas que padecen anemia
ferropénica no tienen
ningún síntoma ni
ningún signo porque las reservas
de hierro del organismo suelen disminuir
muy lentamente. Pero, a media que va
progresando la anemia, pueden aparecer
algunos de los siguientes
síntomas:
-
fatiga y
debilidad
-
palidez en la piel y
las mucosas
-
aceleración
de la frecuencia cardiaca o un nuevo
soplo en el corazón (detectado
en una exploración
pediátrica)
-
irritabilidad
-
pérdida de
apetito
-
mareos,
vértigos o sensación de
que se te va la cabeza.
Si su hijo presenta
cualquiera de estos síntomas,
hable con el pediatra; probablemente le
mandará un simple análisis
de sangre para determinar si tiene o no
anemia ferropénica y, en caso
afirmativo, le recetará un
suplemento de hierro. De todos modos,
puesto que un aporte excesivo de hierro
también puede provocar problemas
de salud, no debería darle nunca a
su hijo suplementos de hierro sin
preguntárselo antes al
pediatra.
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